LA VERDAD EXPLOSIVA DE GLADYS FLORIMONTE: “ME PUSIERON EL NOMBRE DE LA AMANTE DE MI PAPÁ Y ESO ME MARCÓ PARA SIEMPRE”
La comediante más querida del teatro argentino rompió el silencio y reveló el secreto familiar más oscuro de su infancia. Un padre infiel, un nombre que era una herida abierta y una promesa de revancha que la convirtió en leyenda.
Gladys Florimonte se sentó frente a las cámaras de Bondi Live y soltó una bomba que dejó sin palabras a Nazarena Vélez, Barbie Vélez y Alejandra Maglietti: su nombre completo, Gladys Julia, no es otro que el de la amante cordobesa que su propio padre mantuvo en secreto durante años. Una verdad tan brutal que hasta su hermano tuvo que ser quien se la dijera de frente, sin anestesia: “¿De qué hablás? Si vos tenés el nombre de la amante de papá”. El dato sacudió hasta los cimientos del programa.
Lejos de derrumbarse, la actriz contó con una valentía que eriza la piel cómo esa herida identitaria convivió con ella desde la cuna. Su madre, según sus propias palabras, “era una santa”. Su padre, en cambio, era un picaflor confeso que durante uno de sus viajes a Córdoba conoció a esa mujer cuyo nombre terminaría tatuado para siempre en el documento de su propia hija. El hermano de Gladys, camionero y frecuentador de la misma provincia, llegó incluso a conocer en persona a esa mujer.
Pero el drama no terminó ahí. Florimonte recordó con una crudeza que parte el alma cómo su padre la destrozaba con palabras desde que tenía apenas siete u ocho años: “No estudia esta, no sabe hacer nada, esta es un desastre”. Esas frases la mandaban a llorar a escondidas al primer piso de la casa familiar. Sin embargo, en ese dolor nació la promesa más feroz de su vida: “Yo sí voy a ser, yo lo voy a lograr y tu nombre va a ser conocido”.
Y vaya si lo cumplió. Con solo 22 años, Gladys Florimonte ganó el Premio María Guerrero, el máximo galardón del teatro argentino, tras debutar en el Teatro San Martín bajo la tutela de maestros como Agustín Alezzo y Augusto Fernández. Lo que hizo después con ese trofeo es pura épica argentina: lo llevó al cementerio donde descansa su padre y, parada frente a su tumba, le dijo todo lo que él nunca quiso creer: “Mirá quién soy. Gladys Florimonte. ¿Viste que llegué? Y hoy tengo tu apellido y tu apellido es un orgullo”. Una escena que vale más que cualquier monólogo.
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