El Gobernador acorraló a La Cámpora y se queda con la caja política de la Provincia. Entre gallos y medianoche, sellan un pacto de supervivencia para no hundirse ante el ajuste de Milei.
¡Explotó la interna peronista! Lo que era una guerra de guerrillas terminó en una rendición histórica. Axel Kicillof, cansado de que le tiren piedras desde adentro, pegó el puñetazo en la mesa y se queda con el sillón que deja un Máximo Kirchner cada vez más desdibujado. El “Operativo Unidad” no es amor, es pánico a quedarse sin nada.
En las sombras de La Plata, el “kicillofismo” puro —con Carlos Bianco a la cabeza— les puso los puntos a los intendentes y a los pibes de la orga: o hay apoyo total a la gestión o se rompe todo. El Axel ya no quiere ser el “hijo político” de nadie, quiere el bastón y el mando total para blindar su caja ante la motosierra nacional que lo tiene contra las cuerdas.
Pero ojo, que la paz tiene olor a pólvora. El “loteo” de cargos es un escándalo: Verónica Magario se queda a cuidar el fuerte de La Matanza, mientras que el Instituto Patria mete sus espías en las vicepresidencias para no perder el control. Es un equilibrio de cristal que puede estallar en mil pedazos este mismo domingo si alguno no recibe su parte del botín.
La provincia es un polvorín y el PJ bonaerense intenta apagar el fuego con un acuerdo que parece más un “salvese quien pueda” que un proyecto político. ¿Podrá Kicillof domar a los barones del conurbano y a los leales a Cristina, o le están preparando la cama para el 2027? ¡El domingo se juega el destino de la Provincia más caliente del país!









