La inflación no da tregua y enero arrancó con un mazazo al estómago de los argentinos. Mientras los políticos se pelean, la comida se vuelve un lujo prohibido y el ticket del súper es una película de terror.
¡Es un escándalo total! Cuando pensábamos que podíamos respirar después de las fiestas, el INDEC soltó la bomba: 2,9% de inflación en enero. Pero no te dejes engañar por el número frío, porque la verdadera tragedia está en lo que comés. ¡El rubro de Alimentos y Bebidas trepó un 4,7%! Es una locura, un ataque directo al plato de comida de los laburantes que ya no saben qué más recortar.
En las provincias como La Rioja, el clima es de furia pura. Las familias ven cómo su sueldo se evapora antes de llegar a la caja. ¡No hay bolsillo que aguante! Mientras los precios de los productos frescos se dispararon por las nubes, la gente camina las góndolas con la calculadora en la mano y las lágrimas en los ojos. ¡Es el hambre que asoma por culpa de los que no controlan nada!
Para colmo, irse a comer afuera o intentar un descanso de verano fue una trampa mortal: los hoteles y restaurantes te sacudieron un 4,1%. ¡Te cobran hasta el aire! El único “respiro” —si es que se puede llamar así— vino por el lado de la ropa, que bajó un poquito por las liquidaciones, pero ¡claro!, ¿quién va a comprarse una camisa si no tiene para los fideos?
La tensión es total y la calle está que arde. Los gremios ya están afilando los dientes para las paritarias porque este 34,4% interanual es un certificado de pobreza para miles. ¡Se viene un año de guerra en las calles si no frenan esta sangría de precios! ¡Alerta roja para el Gobierno!









