El Presidente se refugia en “La Feliz” buscando el calor de los fanáticos mientras la calle hierve. Entre el teatro con Fátima y un cónclave ultra conservador, el libertario juega su última carta para no perder el idilio con la gente.
¡Escándalo y fervor en la Costa Atlántica! Javier Milei pisó Mar del Plata y la ciudad es un polvorín de emociones. Bajo el nombre de “Tour de la Gratitud”, el mandatario busca desesperadamente el abrazo de la tribuna para blindarse contra las críticas. No es una visita oficial más: es un operativo clamor para demostrar que, pese al bolsillo flaco, el “León” sigue rugiendo fuerte en el termómetro del verano.
La tensión sube con la “Derecha Fest”, el evento VIP organizado por Nicolás Márquez donde la militancia más dura se junta a bajar línea. Ministros y legisladores de La Libertad Avanza abandonaron sus despachos en Buenos Aires para encerrarse en este búnker ideológico. ¿Prioridad legislativa? ¡Ni ahí! La orden es clara: ganar la batalla cultural mientras el país mira con lupa cada movimiento del Gobierno.
Pero el plato fuerte, el que todos esperaban, es el reencuentro explosivo con Fátima Florez. Milei se sentó en la primera fila del Teatro Roxy para ver “Fátima Universal”, mezclando la gestión pública con el show mediático más ruidoso del año. Es pura diplomacia del espectáculo: una maniobra audaz para “humanizar” el ajuste feroz con luces, aplausos y besos sobre el escenario que buscan anestesiar la bronca de la clase media.
El Gobierno sabe que el 2026 viene picante y no quiere perder el territorio. Esta gira federal es el manotazo de ahogado para retener a ese votante que empieza a sentir el desgaste. El Presidente lo sabe: o mantiene encendida la llama en las calles de las provincias, o el idilio libertario corre riesgo de convertirse en un frío recuerdo de invierno. ¡La guerra por el apoyo popular no da tregua!










