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Gustavo Yankelevich reveló por qué Darío Giordano no fue preso

TERROR EN LOS TRIBUNALES: LOS NIETOS DE GUSTAVO YANKELEVICH SE HICIERON ENCIMA DE MIEDO AL VER A DARIO GIORDANO Y ASI SE CERRO LA CAUSA PENAL

El legendario productor de televisión rompió el silencio y reveló los escalofriantes detalles del día que Valentin y Franco quedaron paralizados de pánico en los pasillos de la Justicia. Una historia de miedo, impunidad y amor que sacude al mundo del espectáculo argentino.

El corazón de Argentina se partió en dos cuando Valentin Yankelevich se animó a contar públicamente el infierno que vivió junto a su hermano Franco durante su infancia bajo el mismo techo que Dario Giordano. Ahora, su abuelo Gustavo Yankelevich salió a dar la cara y explicó, con lujo de detalles desgarradores, por qué el hombre señalado de maltratarlos nunca pisó una celda. El relato es tan brutal como indignante.

En diálogo con Telefe Noticias, el histórico productor aclaró que la familia jamás fue a buscar una condena penal: su objetivo era rescatar a los chicos de esa situación y conseguir la tenencia. Fue la Oficina de Violencia Familiar, Niñas, Niños y Adolescentes quien actuó de oficio y abrió la causa penal. Sin embargo, todo se derrumbó en un pasillo de los tribunales de San Isidro en el momento más dramático y devastador de la historia.

El día que definió el destino judicial de toda la familia fue en la Camara Gesell. Valentin y Franco llegaron al juzgado dispuestos a declarar, pero al cruzarse con Dario Giordano en la entrada del edificio, el pánico los fulminó. “A Dario lo veían y se hacían encima, le tenían terror, pánico”, relató Gustavo Yankelevich con una voz quebrada. Los chicos salieron corriendo hacia el baño y se negaron rotundamente a entrar a la sala. El abuelo los siguió, los abrazó y les prometió que nadie los iba a obligar a nada.

Entonces llegó el golpe final. Yankelevich habló con la fiscal del caso y le explicó el estado de descomposición absoluta de sus nietos. La respuesta que recibió fue una puñalada: Dario Giordano tenía derecho legal a estar presente durante la declaración. O los chicos declaraban con él ahí, o la causa se cerraba. Valentin y Franco eligieron sin dudar: “Que dé por cerrado todo, nosotros no estamos para hablar adelante de él”, le dijeron al abuelo. Y así, con esas palabras de dos chicos rotos por el miedo, la causa penal quedó archivada para siempre.

Lo que no pudo hacer la Justicia, lo hizo el amor. Gustavo Yankelevich logró que sus nietos fueran a vivir con él, lejos de la figura que les generaba terror. Y Valentin, ya grande, lo reconoció públicamente: “Nos dio lo único que necesitábamos, que era amor. Amor y contención, nada más”. Una frase que vale más que cualquier condena y que resume una historia que todavía le eriza la piel a la Argentina entera.

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