ESCANDALO TOTAL: JORGE RIAL HABRIA DEJADO A SU NOVIA COLOMBIANA POR UNA EXPERTA EN HABANOS Y EL ROMANCE YA TIENE FOTOS
La bomba que nadie esperaba: el conductor más polémico de la Argentina fue cazado con una nueva mujer antes de que se enfriara su relación anterior. Hay imágenes, hay datos y hay una historia que huele a traición desde el primer puff.
El mundo del espectáculo argentino amaneció con una primicia que sacudió hasta los cimientos: Jorge Rial, el eterno protagonista de los escándalos ajenos, se convirtió esta vez en el centro de la tormenta. Las panelistas Fernanda Iglesias y Pochi se presentaron en Puro Show con una investigación que duró días, cruzó continentes y terminó en una humosa degustación de habanos en Palermo.
La nueva conquista del conductor tiene nombre, apellido y oficio bien definido: Lucía Alsogaray, médica de profesión y sommelier de habanos por vocación. Junto a su madre Blanca, Lucía maneja La Casa del Habano Argentina, un local de alto vuelo ubicado en el barrio de Palermo. Y parece que no solo los puros le resultaron irresistibles a Rial: hay fotos de él en el local con apenas seis días de antigüedad.
Lo más explosivo del asunto es la cronología. Rial se separó de la periodista colombiana Maria del Mar Ramon en abril, pero en mayo ya aparecía pegado a Lucía. Fernanda Iglesias no tardó en hacer dos más dos: “Me parece que se separa por esta chica porque ya la conocía de antes”. Y los datos le dan la razón. El propio Rial había entrevistado a Lucía en enero, en su programa de streaming de carnaval junto a Viviana Canosa. Ahí, dicen, saltaron las chispas.
Las pruebas fueron apareciendo de a poco y con mucho laburo periodístico. Pochi reveló que recibió imágenes del supuesto nuevo amor de Rial hace más de un mes, con una pareja frente al Buckingham Palace en Londres, pero la chica estaba de espaldas. Recién cuando Fernanda la contactó un viernes a las once de la noche, empezaron a atar cabos: una foto en Aeroparque, un carrusel en la cuenta de Instagram de La Casa del Habano y, de fondo, nada menos que la cara inconfundible del conductor sentado entre los asistentes. El romance ya no tiene vuelta atrás. Y Buenos Aires, como siempre, se entera por las malas.










