¡INSÓLITO! MARTA FORT CONFESÓ QUE FUE CAJERA DE SUPERMERCADO Y DESCUBRIÓ A UNA CLIENTA ROBANDO ACEITE DE OLIVA: “LE DIJE, A VER, MOSTRAME LA BOLSITA”
La hija del rey del chocolate cumplió uno de sus sueños más bizarros de la infancia y terminó enfrentando a una ladrona en plena caja registradora. La bomba que dejó sin palabras a Mario Pergolini en vivo.
Nadie lo podía creer. Marta Fort, la influencer millonaria hija del legendario Ricardo Fort, se sentó frente a Mario Pergolini en “Otro Día Perdido” por El Trece y soltó una revelación que hizo temblar el piso del estudio: trabajó de cajera en una cadena de supermercados. No como experiencia de reality, no como capricho de un día. Lo hizo de verdad, con su uniforme, su caja registradora y todo. “Sí cumplí un sueño, porque yo de chica quería lo que no tenía”, disparó entre risas, dejando a Pergolini con la boca abierta.
La explicación es tan tierna como insólita. Mientras otras nenas de su entorno soñaban con mansiones de Barbie o viajes en jet privado, la pequeña Marta tenía una obsesión muy distinta: la caja registradora de juguete. “Yo jugaba con la caja registradora de Barbie. A mí me encantaba oír el titín, titín, titín de ser cajera”, reveló con una sonrisa que lo dice todo. Y cuando creció, lo cumplió. Sin vueltas, sin intermediarios. Ella misma, detrás del mostrador.
Pero la historia no terminó ahí. El trabajo en el súper le deparó una situación que jamás olvidará. En plena jornada laboral, Marta fue testigo de algo que la dejó helada: una clienta intentó chorear un aceite de oliva. Lejos de mirar para otro lado, la hija de Ricardo Fort no se achicó ni un centímetro. La encaró sin titubear: “A ver, mostrame la bolsita”, le exigió a la señora, que intentó zafar con evasivas. El desenlace fue claro: el aceite volvió a la góndola y Marta se llevó una lección de vida inesperada. “Ahí aprendí que el aceite de oliva es caro”, resumió, desatando carcajadas en el estudio.
Pergolini, que ya lo había visto todo en décadas de televisión, no podía salir del asombro. “¿No sabías que el aceite de oliva era caro?”, le preguntó incrédulo. Marta fue lapidaria: “No lo sabía, no”. Una respuesta que retrata de manera brutal la infancia dorada que tuvo y el choque de realidad que significó ese trabajo. Porque detrás de los lujos, los viajes y las cámaras, había una chica que quería entender cómo era la vida de verdad, aunque sea desde la caja de un supermercado.
Hoy, Marta ya no pisa pasillos de súper. Desde que se mudó sola hace casi un año, pide todo por delivery rápido. El sueño de la cajera quedó cumplido, archivado y convertido en una de las anécdotas más explosivas de la temporada televisiva. Y como si fuera poco, en la misma entrevista reveló que su padre Ricardo la convocaba a charlas profundas desde el baño, con la puerta abierta y los demás sentados en el bidet. Una familia, un estilo.







