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Muerte de Chiche Gelblung: adiós al legendario periodista

SE FUE EL CHICHE: EL PERIODISMO ARGENTINO LLORA LA MUERTE DEL HOMBRE QUE QUERIA VIVIR 200 AÑOS Y NUNCA DEJO DE TRABAJAR

Argentina amaneció este miércoles con una noticia que partió el corazón del ambiente mediático: Chiche Gelblung, uno de los comunicadores más emblemáticos y apasionados de la historia del periodismo nacional, murió a los 82 años. El dolor fue instantáneo, brutal y colectivo.

Samuel “Chiche” Gelblung exhaló su último suspiro a las 7.30 de la mañana del miércoles 9 de septiembre de 2026 en un sanatorio del porteño barrio de Palermo. Había ingresado apenas el martes, derribado por un cuadro respiratorio que esta vez no pudo superar. Era su cuarta internación en el año, pero ninguna lo había frenado antes: el Chiche se levantaba, volvía a los micrófonos y seguía peleando. El lunes, apenas 48 horas antes de morir, todavía estaba al aire en su programa de radio. Eso era él.

La noticia explotó en cuestión de minutos y arrasó con todo lo demás. Las redes sociales se transformaron en un río de lágrimas digitales, los canales interrumpieron su programación y los estudios de televisión quedaron envueltos en un silencio cargado de bronca y tristeza. Figuras como Graciela Borges, Graciela Alfano, Marcelo Polino, Daniel Gómez Rinaldi y Evangelina Anderson se volcaron a despedirlo con palabras que arrancaron lágrimas hasta a los más duros. Alfano, que estuvo presente en el velatorio, confesó entre el dolor que le hubiera gustado tener “una última charla” con él.

El último adiós se vivió con una intimidad desgarradora. Primero el velatorio en una sala de la AMIA, donde desfilaron familiares, amigos y colegas que repasaron décadas de anécdotas junto a una leyenda viva. Después, el cortejo fúnebre se dirigió al Cementerio de La Tablada, donde una ceremonia íntima presidida por el rabino Yedidia Haim Saied despidió sus restos para siempre. Daniel Gómez Rinaldi lo llamó “el último de su generación”, y esa frase sola dice todo lo que hay que decir.

Chiche Gelblung había confesado en su última gran entrevista que tuvo que recurrir a un psicoanalista para aprender a aceptar la muerte. La paradoja más cruel es que nunca dejó de vivir a full hasta el final: soñaba con viajar a la Luna, quería llegar a los 200 años y trabajaba como si el tiempo no existiera. Ese día tan temido finalmente llegó, y el periodismo argentino no va a ser el mismo sin él.

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