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Locomotora Castro murió en el Bingo de Morón a los 59 años

TRAGEDIA EN MORÓN: MURIÓ JORGE “LOCOMOTORA” CASTRO, EL CAMPEÓN QUE SE CAYÓ EN UN BINGO Y DESTROZÓ EL CORAZÓN DE ARGENTINA

Una leyenda del boxeo nacional se fue para siempre entre las máquinas tragamonedas de un bingo del oeste del conurbano. El hombre que pegó “La Mano de Dios” ya no está, y el deporte argentino llora su pérdida más dolorosa del año.

Este miércoles por la mañana, la noticia cayó como un golpe al hígado en todo el país: Jorge “Locomotora” Castro, el campeón mundial de boxeo más querido y carismático que dio la Argentina, murió a los 59 años en el Bingo de Morón. El expúgil sufrió una descompensación brutal producto de una baja de insulina relacionada a su cuadro de diabetes. Un médico que llegó al lugar no pudo hacer nada: constató su muerte en el sitio. Una vida entera peleando contra rivales de élite mundial, y al final, el cuerpo dijo basta en el lugar más inesperado.

La Locomotora era mucho más que un boxeador. Nacido en Caleta Olivia, en la Patagonia más profunda, llegó al mundo de los guantes después de años de peleas callejeras en la adolescencia. Debutó como profesional en 1987 y durante 20 años fue una máquina imparable: 144 peleas, 130 victorias, 90 de ellas por nocaut. El 12 de agosto de 1994 hizo historia al noquear a Reggie Johnson en Buenos Aires y alzar el cinturón mediano de la AMB. Pero lo que quedó grabado a fuego para siempre fue aquella noche del 10 de diciembre de ese año en Monterrey, México, cuando a punto de perder frente a John David Jackson, sacó de la galera una izquierda devastadora en el noveno round y dio vuelta todo. Ese golpe lo bautizó él mismo como “La Mano de Dios”, en honor a Diego Maradona. La revista The Ring lo eligió como la Pelea del Año. Argentina entera lo amó para siempre.

Su historia nunca fue fácil. Enfrentó a monstruos del ring como Terry Norris, Roy Jones Jr. y Roberto Durán. Perdió el título en 1995, sobrevivió a un accidente automovilístico gravísimo que le provocó un colapso pulmonar y múltiples fracturas, y volvió a pelear. Se retiró en 2007 con una victoria. Este año había participado de MasterChef, siendo el primer eliminado, pero lejos de los focos de televisión, su verdadera lucha estaba en los barrios: sostenía comedores y merenderos en Lomas de Zamora e impulsaba un centro comunitario en Morón. “Yo pasé hambre, pasé frío, a mí no me lo puede contar ningún político, yo hago lo que deberían hacer ellos”, había dicho. Y lo cumplía cada día.

Argentina pierde hoy a un gigante. No solo al campeón que noqueó al mundo, sino al hombre que nunca olvidó de dónde vino y que usó sus últimas fuerzas no para pelear en un ring, sino para alimentar a los que más lo necesitaban. Descansá en paz, Locomotora. El noveno round fue tuyo, para siempre.

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