LA FRASE QUE ESTREMECE A 13 AÑOS DE SU MUERTE: RICARDO FORT SABÍA QUE IBA A MORIR JOVEN Y LO DIJO EN VIVO
El Comandante hubiera cumplido 58 años este 5 de noviembre, pero una confesión suya sigue helando la sangre de todos sus fanáticos. La vida del hombre más escandaloso de la tele argentina, contada sin filtros.
Ricardo Fort no era cualquier tipo. Era el heredero del imperio chocolatero Felfort que le dio la espalda a los negocios familiares para perseguir los reflectores, la fama y el escándalo a cualquier precio. Nacido en Buenos Aires el 5 de noviembre de 1968, el Comandante construyó un personaje tan explosivo, tan descarado y tan irrepetible que, más de una década después de su muerte, sigue siendo trending topic cada vez que alguien lo recuerda. Hoy habría cumplido 58 años, y la Argentina entera lo extraña con la misma intensidad con la que él vivió cada segundo de su vida.
Pero hay una frase que, con el paso del tiempo, se volvió imposible de escuchar sin que se te haga un nudo en la garganta. “Siempre pensé que me iba a morir joven”, dijo Fort en una de sus apariciones televisivas, con esa mezcla única de frivolidad y profundidad que lo caracterizaba. Nadie le dio demasiada importancia en ese momento. Hasta que el 25 de noviembre de 2013, apenas 20 días después de haber cumplido 45 años, un paro cardiorrespiratorio se lo llevó para siempre. La frase dejó de ser una ocurrencia y se convirtió en una profecía que todavía estremece.
La historia de Fort no fue solo lujo, Rolls-Royce y guardaespaldas. Detrás del personaje que manejaba el rating desde el sillón de jurado del Bailando, había un pibe que creció en una familia poderosa pero que nunca encajó en el molde que le tenían preparado. Su padre quería que siguiera el negocio familiar. Ricardo quería cantar, actuar, brillar. La tensión entre esas dos fuerzas marcó su infancia y su adolescencia a fuego. Su salvación fue su madre, Marta Campa, cantante lírica, que fue su cómplice y su sostén hasta el final.
Cuando su viejo murió en 2007, Fort tomó las riendas de su propia historia sin frenos. Produjo obras de teatro en la calle Corrientes, condujo programas en América TV, se convirtió en padre de los mellizos Marta y Felipe mediante gestación subrogada en California, y transformó su vida entera en un show de televisión. “El tren de Ricardo Fort pasa solo una vez en la vida”, avisó. Y tenía razón. Nadie volvió a ver algo igual en la pantalla argentina.
Lo que pocos mostraban era el otro lado: el dolor físico brutal que lo acompañó en sus últimos años. Lesiones en la columna, rodillas destruidas, cirugías tras cirugías, medicación permanente. El hombre que se paseaba entre Rolls-Royce y mansiones en Miami también era alguien que sufría en silencio y que, en el fondo, sabía que el tiempo se le estaba acabando. Hoy, cada 5 de noviembre, sus frases vuelven a inundar las redes y su figura sigue siendo tan gigante como el día en que se fue. El Comandante nunca se va del todo.








