El jefe de Gabinete, **Manuel Adorni**, llega al recinto con una causa por presunto enriquecimiento ilícito colgando como una espada de Damocles. La sesión del 29 promete gritos, cruces y la furia de la oposición contra el silencio oficial.
Cuerpo:
La Cámara de Diputados se prepara para un día de alta tensión. A las 10.30, **Manuel Adorni** subirá al estrado con una investigación federal en su contra y casi 2.000 preguntas encima. No es sólo un informe técnico: es la comparación entre lo dicho en público y lo que las fiscales —encabezadas por **Gerardo Pollicita**— vienen rastrillando en los papeles y en los viajes sin aviso.
Desde hace semanas, el silencio del jefe de Gabinete encendió la bronca en la oposición porteña y del Conurbano. Lo acusan de esconder propiedades, de vuelos y movimientos que no constaban en su declaración. Esa sombra judicial convirtió la sesión en un verdadero ring: la oposición espera cada palabra para buscar el golpe político y la ciudadanía mira con furia cada explicación que no llega.
En su entorno repiten que la presentación será “seria y técnica”, pero nadie prueba que eso calme a los diputados que quieren respuestas. El kirchnerismo ya se prepara para asaltar con 68 minutos de preguntas y amenaza convertirse en el momento más caliente de la jornada. Y el recuerdo del retiro abrupto de **Guillermo Francos** en el Senado todavía flota: la posibilidad de una salida dramática está sobre la mesa.
Para redondear el clima, el propio presidente **Javier Milei** prometió acompañar a su ministro, una estampa de respaldo que alimenta el choque: apoyo absoluto del Ejecutivo y reclamos incendiarios desde los bancos opositores. El Congreso porteño, entonces, se encenderá entre gritos, cámaras y la sensación de que algo grande y feo puede estallar en plena sesión.








